Paseo sinuoso

Fotografía de Lefty Kasdaglis
Perseidas de pasión 
humedecen
las sinuosas veredas
por las que te pasea
mi memoria trasnochada
hasta perderse
en la albura vacua
de mi amanecer
anacoreta.

Misiva de una dama insomne a su amor asesino

Fotografía de Engin Akyurt

Posa sobre mí tu cobertor sombrío. Hazme noche de tu luna. No sabes cuánta sed de ti he derramado a lo largo de mis insomnios. Te tengo la ensoñación entreabierta, el torso tensado, el pecho dispuesto, la yugular henchida de sangre candente y los labios resecos apeteciendo tu beso somnífero. Soy estuario predestinado para el letargo de tu causal saciado.

Por eso y más, te espero.

Corriente abajo

Basada en una fotografía de Joey Nicotra
Corriente abajo voy
tras de tu luna desarropada.
Ábreme el cortinaje azabache
de tu oscuridad vedada.
Y alberga mi desnudez nómada
entre las fronteras ilícitas
de tus labios clandestinos.

Musa de mis silencios

Fotografía de Vivek Doshi
Mi añoranza ávida 
beberá
del mirage líquido
de tu aurora
derramada
sobre la desolación
de mis desiertos.

El sopor fértil
de tu seno volcará
su brebaje
emulsionado
sobre la trémula
erosión
de mis palabras.

Y haré eclosión
en ti, musa soñada.

Andenes

Fotografía de Harald Pliessnig
La lejanía devora
el tren
de tu recuerdo
y el tiempo
se ha varado
entre andenes
superpuestos.

Voy inventándote
en los resquicios
de estos versos
y bebiendo
a sorbos del elixir
de tu verbo
que va impregnando
mis silencios
con el eco
de tu piel.

Perpetuos

Fotografía de Melvina Mak
Dime que el tiempo pasa,
pero que tú y yo nos quedamos
suspensos en un adverbio
entre lo efímero y lo eterno,
pululantes y ebrios
en la espiral de una vigilia
que desemboca en excesos.

Cronista existencial

Basada en una fotografía de Sharon McCutcheon

Era historiador de trivialidades y exquisiteces profanas. Catalogaba lunares de acuerdo al sabor de quien los portaba, analizaba estructuras de miradas inapelables, transcribía palabras que el silencio le dictaba. Vivía el presente cual si llevara la eternidad a cuestas. Amaba, lloraba, sonreía, gritaba, ensombrecía. Mas nunca abandonó su insólita labor de cronista existencial. Su único titubeo ocurrió al encarar aquel instante singular, el de la propia muerte. Supo que no podría dedicarle la totalidad de su ahínco narrativo, así es que decidió residir a plenitud en la inusual ocasión de su deceso.